sábado, 12 de diciembre de 2009

Lección de desapego


"Con una huerta y veinticinco acres de terreno fértil a nuestra disposición,los estudiantes, maestros y yo mismo gozábamos de muchas horas felices en nuestras tareas
campestres,al aire libre,en medio de aquellas alrededores ideales. Teníamos muchos
animales domésticos, entre ellos un pequeño cervatillo, que era tiernamente adorado por los niños. Yo también lo amaba, al grado de permitirle dormir en mi propia habitación.Al amanecer, el pequeño animal se acercaba a mi cama para recibir la caricia de la mañana.
Un día alimenté al venadito más temprano que de costumbre, por que tenía que salir a la población de Ranchi a atender algunos asuntos. Aun cuando les advertí a los muchachos que no fueran a alimentar al cervatillo hasta que yo regresara, uno de ellos desobedeció y le dió al animalito una gran cantidad de leche; cuando regresé, por la noche, malas nuevas me esperaban. El venadito estaba casi muerto por sobrealimentación.
Llorando coloqué sobre mis piernas al animalito, aparentemente sin vida. Oré
piadosamente a Dios que le conservara la vida. Horas después la pequeña criatura abrió los ojos, se paró y principió a caminar tambaleándose.Todos los muchachos de la escuela gritaron de alegría.
Pero esa noche aprendí una gran lección, una que no podré nunca olvidar. Me estuve
con el animalito hasta las dos de la mañana, y cuando me dormí, el venadito se me
apareció en el sueño y me dijo:
- Usted me está reteniendo. ¡Por favor, déjeme que me marché, deje que me vaya!
- Esta bien -conteste en el sueño.
Desperté inmediatamente y grité:
- ¡Muchachos, muchachos, el venadito se está muriendo!.
Todos se precipitaron a mi lado. Me fuí al rincón donde había colocado al venadito.
Este hizo su último esfuerzo para levantarse, cayó de bruces ante mí y quedó muerto.
De acuerdo con el karma grupal de los animales, que guía y regula su destino, el plazo de vida del venado ya había fenecido; y ya estaba listo para progresar hacia una forma más alta. Pero debido a mi apego por él, que después consideré como egoísta, y por mis fervorosas plegarias, yo había conseguido retenerlo en los límites de su forma animal,de la cual estaba el alma haciendo esfuerzos por librarse. El alma del venadito hizo su súplica en el sueño, porque sin mi amante consentimiento no podía o no quería irse. Y tan pronto como yo consentí, él partió.
Toda tristeza desapareció;nuevamente comprendí que Dios quiere que sus hijos lo amen todo como parte de Su Propio Ser, y que no sientan engañosamente que en la muerte acabe todo. El hombre ignorante ve sólo el muro insuperable de la muerte, que parece esconder para siempre a sus amigos queridos. Pero el hombre que no tiene apegos, aquel que ama a los demás como expresiones del Señor, entiende que al morir,sus seres queridos únicamente han retornado al más allá, para disfrutar de un respiro de alegría en Él."
Extraído del Capítulo 27 de la "Autobiografía de un yogui"

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. gracias, Nelly, por este constructivo comentario. A mi me ha ayudado este libro a entender en un nivel práctico temas espirituales fundamentales, como este del desapego: ¿y de qué sirve la Enseñanza Espiritual si no la incorporamos en lo cotidiano?. Nuestra propia vida es el laboratorio, donde las experiencias cotidianas nos permiten practicar y constatar que lo aprendido funciona

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