jueves, 15 de septiembre de 2011

Poemas de Rabindranath Tagore

Tú me has traído amigos que no me conocían. Tú me has hecho sitio en casas que me eran extrañas.
Tú me has acercado lo distante y me has hermanado con lo desconocido.
Mi corazón se me inquieta si tengo que dejar mi albergue acostumbrado. Olvido que lo antiguo está en lo nuevo, que en lo nuevo vives también tú.
En el nacimiento y en la muerte, en este mundo o en otro, en cualquier sitio donde tú me lleves, tú eres tú mismo, el único compañero de mi vida infinita, tú que estás atando siempre mi corazón, con lazos de alegría, a lo ignorado.
Pero cuando se te conoce, nadie es extranjero, ninguna puerta está cerrada. ¡Señor, concédeme esto que te pido:
que yo no pierda nunca la felicidad de encontrar lo único en este juego de lo diverso!

El esposo
El poeta Tulsidas estaba absorto en sus meditaciones, a la orilla del Ganges, en el lugar solitario donde se quema a los muertos.
Y vio a una mujer sentada a los pies del cuerpo de su marido y lujosamente vestida como si fuera a una boda.
Ella se le dirigió y prosternándose dijo: "Permite, oh maestro, que siga a mi esposo, con tu bendición."
"¿Por qué apresurarse tanto, hija mía?", preguntó Tulsidas, " ¿esta tierra no es acaso del mismo que creó los cielos?"
"No es por el cielo por lo que suspiro sino por mi marido", dijo la mujer.
Tulsidas sonrió al contestarle: "Vuelve a tu casa, hija mía. Antes de que pase un mes habrás encontrado a tu marido."
La mujer se fue llena de alegre esperanza. Tulsidas iba a buscarla cada día y le proponía graves pensamientos para que meditara, hasta que un día su corazón estuvo lleno de amor divino hasta los bordes.
El mes había terminado casi cuando vinieron los vecinos y le preguntaron: "Mujer, ¿has encontrado a tu marido?"
Sonriente, la viuda respondió: "Lo encontré.
Curiosos replicaron: "¿En dónde está?"
"Mi Señor está en mi corazón y los dos somos uno", les dijo.