domingo, 8 de octubre de 2017

El placer de servir - Gabriela Mistral


Toda naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.
   Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los corazones, y las dificultades del problema.
   Hay una alegría de ser sano, y la de ser justo, pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.
   Qué triste sería el mundo si todo estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender.
    Que no te llamen solamente los trabajos fáciles: ¡es tan bello hacer lo que otros esquivan!
Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos: ordenar una mesa, ordenar unos libros, peinar a una niña.
   Aquel es el que critica, éste es el que destruye, tú se el que sirve. El servir no es faena de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la Luz, sirve. Pudiera llamarse así: "El que Sirve".
   Y tiene Sus ojos fijos en nuestras manos, y nos pregunta cada día: ¿serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?

domingo, 30 de agosto de 2015

San Francisco de Asís 
(una de las encarnaciones del Maestro Ascendido Kuthumi)

      Había encontrado el tesoro que persiguiera durante algunos años: la armonía de su ánimo con Dios y con el mundo. De allí en adelante no volvió a intranquilizarlo ningún tipo de preocupación exterior; como un niño se entregó a la protección de Dios y hablaba con él, no como ante un espíritu muy lejano y nunca visto, sino como si se dirigiera a un padre presente, amoroso y familiar.

Francisco fue citado a comparecer ante el tribunal del obispo en un día establecido. Al llegar al lugar, obediente y contento, encontró allí reunida la ciudad entera por curiosidad y ganas de burlarse. Después de que su padre lo expulsara y desheredara con gran furia, el joven procedió de inmediato a quitarse humildemente sus ropas, que pertenecían al señor Bernardone; se las entregó, quedó desnudo allí de pie y declaró su propósito de responder únicamente ante el Padre en el Cielo en el futuro.

Nadie se animó entonces a burlarse de él, y el obispo, asombrado por tanta valentía y fe, cubrió al desnudo con su propio manto.

Este fue el casamiento de Francisco con la sagrada pobreza.
Había encontrado el tesoro que persiguiera durante algunos años: la armonía de su ánimo con Dios y con el mundo. De allí en adelante no volvió a intranquilizarlo ningún tipo de preocupación exterior; como un niño se entregó a la protección de Dios y hablaba con él, no como ante un espíritu muy lejano y nunca visto, sino como si se dirigiera a un padre presente, amoroso y familiar.

Y así como de niño había sido un poeta, un soñador y un trovador, brotó ahora en su alma liberada un nuevo manantial, rebosante de alegrías y canciones. Sus canciones no fueron registradas por nadie, sólo una llegó hasta nosotros. Pero atravesaron los lejanos campos entonando el consuelo y las ganas de vivir en miles de corazones oprimidos, renovando el brío en los ánimos cansados y desalentados, penetrando hondo en los oídos del pueblo y encendiendo un ardor como pocos cantores lo han encendido jamás.
           Hermann Hesse - San Francisco de Asís



miércoles, 28 de mayo de 2014

  Frithjof Schuon, escritor, pintor y poeta



"Dime por qué has amado la cima de la montaña,
su sereno silencio y su pureza,
y yo te diré que el reposo de nuestro espíritu
es la soledad con Dios; serenidad
por encima del estrépito de los pensamientos. Y dime
por qué amas el secreto del bosque susurrante,
su santidad y su oscura seguridad,
y yo te diré que nuestro gozo perdurable
es unión, amor en nuestro corazón más profundo,
sumergiéndose en el Misterio de nuestro ser;
unión con lo que soy, y lo que eres.
"Amor y Vida. Poesías" Frithjof Schuon
Pequeños libros de sabiduría - Olañeta Editor

The worth of man lies in his consciousness of the Absolute.

In order to be happy, man must have a center; now this center is above all the Certitude of the One. The greatest  calamity  is  the  loss  of  the  center  and  the abandon of the soul to the caprices of the periphery. To be man is to be at the Center; it is to be Center.

The way towards God always involves an inversion: from outwardness one must pass to inwardness, from multiplicity to unity, from dispersion to concentration, from egoism to detachment, from passion to serenity.

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Frithjof Schuon nace en Basilea (Suiza) el 18 de junio de 1907, de padres de origen germánico y alsaciano. En su juventud se establece en París, donde ejerce su oficio de diseñador textil. De temperamento místico y gnóstico, se impregna del Vêdânta y se interesa en profundidad por todas las religiones, entre ellas el cristianismo y el Islam. En 1932 viaja a Mostaghanem, donde conoce al célebre Shaykh Ahmad al-Alawî, que lo recibe en su Tarîqah. Tres años después Schuon será "moqaddem" (representante) del Shaykh, antes de convertirse él mismo en un maestro espiritual con discípulos en muchas partes del mundo. Lector y corresponsal del metafísico francés René Guénon, viaja a El Cairo en 1938 y 1939 para conocerlo. Después de la II Guerra Mundial, Schuon, que reside en Lausanne, emprende varios viajes a América del Norte para conocer a los indios de las Llanuras que conservan la tradición, a Marruecos y a diversos países de Europa. Su obra escrita cuenta con más de veinte libros traducidos a numerosas lenguas y constituye una verdadera suma metafísica y espiritual sin equivalente en el siglo XX. En ella desarrolla y explicita ampliamente el tema de la "Unidad transcendente de las Religiones" y de la necesaria comprensión "esotérica" de éstas como antídoto contra el nihilismo contemporáneo. Su obra pictórica y poética, menos conocida, muestra toda la riqueza de su asombrosa personalidad.

miércoles, 22 de enero de 2014

   
-Estoy feliz, Momó. Estás conmigo, y sé lo que pone mi Corán. Ahora te quiero llevar a bailar.
   -¿A bailar, señor Ibrahim?
   - Es absolutamente necesario. "El corazón del hombre es como un ave prisionera en la jaula del cuerpo". Cuando bailas, el corazón canta como un pájaro que anhela fundirse con Dios. Ven, vamos al tekké.
   -¿Al qué?
  -¡Vaya discoteca más rara!- exclamé al atravesar el umbral.
  - Un tekké no es una discoteca, es un monasterio. Momó, pon ahí los zapatos.
   Y ahí es donde vi por primera vez a hombres haciendo el giro derviche.
   -¡Ves, Momó! Giran sobre sí mismos, giran en torno a su corazón, que es el lugar de la presencia de Dios. Es como una oración.
"El señor Ibrahim y las flores del Corán". Eric-Emmanuel Schmitt

viernes, 8 de noviembre de 2013

EL PLAN DIVINO
Un Plan único para cada ser
 (en este libro lo nombran como "leyenda personal")



 
Acuérdate de saber siempre lo que quieres.

    “… la gente siempre está en condiciones de realizar lo que sueña”

   “La vida quiere que vivas tu Leyenda Personal”

      "Alguien que de verdad te ame jamás te separará de tu Leyenda Personal."

    "Sí tu corazón tiene miedo, explícale que el miedo a sufrir es peor que el mismo sufrimiento; y que ningún corazón jamás sufrió cuando fue en busca de sus sueños, porque cada momento de búsqueda es un momento de encuentro con Dios, y con la eternidad."
           “Las ovejas, sin embargo, le habían enseñado una cosa mucho más importante: que había un lenguaje en el mundo que todos entendían, y que el muchacho había usado durante todo aquel tiempo para hacer progresar la tienda. Era el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en busca de algo que se deseaba o en lo que se creía.”  

    "Cuánto más se aproxima uno al sueño, más se va convirtiendo la Leyenda Personal en la verdadera razón de vivir."


El alquimista / Paulo Coelho

miércoles, 23 de octubre de 2013

Ciclo de cine sobre el Plan Divino para cada ser
 Cada lunes de noviembre 2013, en Santa Cruz de Tenerife

jueves, 26 de septiembre de 2013

Ejemplos del Servicio de la Hueste Angélica

“Cuando se me envió a Sumatra por primera vez, en el año 1856, fui el primer misionero europeo que se introdujo entre los fieros Battaks, aunque veinte años antes, dos misioneros americanos habían llegado a ellos con el evangelio; pero los habían asesinado y devorado. Desde entonces no se había hecho ningún esfuerzo por llevar el evangelio a estas gentes.
           Los dos primeros años que pasé entre los Battaks, al principio solo, y después con mi esposa, fueron tan duros que todavía me hace estremecerme el recordarlos. A menudo daba la impresión de que no sólo estábamos rodeados por hombres hostiles, sino también por siniestros poderes de la oscuridad; pues a menudo nos sobrecogía un temor inexplicable, de modo que nos teníamos que levantar durante la noche y arrodillarnos para rezar, o leer la Palabra de Dios, para encontrar alivio.
    Tras haber vivido en este lugar durante dos años, nos mudamos a una zona del interior con otra tribu que nos recibió con más amabilidad. Allí construimos una casita con tres habitaciones, y la vida se volvió un poco más alegre y fácil para nosotros.
   Cuando llevaba algunos meses en este nuevo lugar, vino a visitarme un hombre del anterior distrito. Yo estaba sentado en el banco delante de nuestra casa, y él se sentó a mi lado, y durante un rato habló de esto y lo otro. Finalmente me dijo: “bueno, tuan (maestro) tengo otra petición”. “¿Y cuál es?”. “Me gustaría echar un vistazo a tus vigilantes”. “¿A qué vigilantes te refieres? No tengo ninguno” “Me refiero a los vigilantes que situabas alrededor de tu casa por las noches para protegerte”. “Pero yo no tengo vigilantes”, dije de nuevo; “sólo tengo un chico pastor y una joven cocinera, y servirían bien poco como vigilantes” Entonces el hombre me miró con incredulidad, como diciendo “oh, no trates de hacerme creer lo contrario, pues lo sé bien”. Después preguntó: “¿Puedo registrar tu casa, para ver si están escondidos allí?”. “Sí, por supuesto”, dije riendo. Así que entró y buscó en cada esquina, incluso bajo las camas, y salió muy decepcionado. Entonces yo inicié también una pequeña investigación pidiéndole que me dijera las circunstancias relacionadas con esos vigilantes de los que me hablaba, y esto es lo que me contó:
        “Cuando viniste a nosotros por primera vez, tuan, estábamos muy enfadados contigo. No queríamos que vivieras entre nosotros; no confiábamos en ti, y creíamos que tenías algún plan contra nosotros. Así que nos reunimos, y decidimos matarte a ti y a tu mujer. Así que fuimos a tu casa noche tras noche; pero cuando nos acercábamos siempre había alrededor de la casa una doble fila de vigilantes con brillantes armas, y no nos atrevíamos a atacarlos para entrar en tu casa. Como no queríamos abandonar nuestro plan, fuimos a ver a un asesino profesional (había entre los Battaks en ese entonces una casta especial de asesinos, que mataban por dinero a cualquiera al que se deseara hacer desaparecer). Él se rio de nuestra cobardía, y nos dijo “No temo ni a dios, ni a demonio. Pasaré fácilmente entre esos vigilantes”. Así que fuimos todos juntos por la noche y el asesino, con su arma sobre la cabeza, fue valientemente delante de nosotros. Cuando estuvimos cerca de tu casa, nos quedamos atrás y lo dejamos ir solo. Pero al poco tiempo regresó corriendo y nos dijo: “no, no me atrevo a ir solo; dos filas de hombres grandes y fuertes están ahí, muy juntos, hombro con hombro, y sus armas brillan como el fuego” Entonces desistimos de matarte. Ahora dime, tuan, ¿quiénes son esos vigilantes? ¿Nunca los has visto?” “No, nunca los he visto” “¿Y tu mujer tampoco?” “No, tampoco ella” “Pero todos nosotros sí los hemos visto, ¿cómo es eso?” 
    Entonces entré en la casa y traje la Biblia, y le dije: “Mira, este libro es la Palabra de de Dios, en el que promete cuidarnos y protegernos, y nosotros creemos firmemente en esa Palabra; por eso no necesitamos ver a los vigilantes; pero vosotros no creéis, así que el Buen Dios tiene que mostraros a los vigilantes, para que aprendáis a creer”.

Este relato se conserva en los registros de las misiones pioneras en las Indias Orientales. El incidente ocurrió en la vida de Von Asselt, un misionero renano, en Sumatra desde 1856 a 1876, y fue relatado por él mismo durante una visita a Lübeck. Extraído y traducido del libro “The Hand that Intervenes”, de William Spicer.